Me gustaría comenzar aclarando de qué NO va a hablar este post.
1- No va a hablar de la historia de las artes marciales (hay libros y sitios sobre el tema).
2- No va a explicar en qué consiste alguna/s de estas artes en particulares (sino sólo como ejemplo).
3- No va a quejarse ni a desarrollar el por qué y los cómo de la existencia de tanto trucho dando vuelta que se auto-erige en maestro/sensei/sifu/sabom de algúna de estas artes en particular.
Ciertamente las artes marciales en general son artes, precisamente “marciales”, militares. Y uno aprende a atacar, a defenderse, y si es necesario, a aplastarle la nariz al prójimo que no entienda por las buenas. Por eso, esa frecuente lectura new age y pseudo pacifista que se hace de alguna/s de ellas, no es otra cosa que el reblandecimiento para el consumo de incapaces.
Obviamente, el peligro frecuente en estas cosas, es el del tipo que se acerca a aprender porque tiene una profunda vocación de matón o patovica. Si cae en un lugar serio, cambiará de actitud, o sencillamente le pedirán que se retire; si cae en manos de un improvisado (que son legión), saldrá de la práctica diaria creyéndose la reencarnación de Bruce Lee. En un lugar serio, entonces, duran poco o nada, o por lo menos se aspira a que duren poco, o cambien.
También se acercan a este tipo de artes, personas a las que les han “vendido” un híbrido entre oración corporal (!), sabíduría oriental milenaria (!!), meditación en movimiento (!!!), y terapia físico-espiritual (Dios!!! …. es demasiado). Y aquí hay que hacer una salvedad: la práctica de las artes marciales en general, y más aún de algunas en particular, efectivamente reportan grandes beneficios para la salud: corrección postural; estimulación y mejoramiento de la circulación; mejoramiento pulmonar; fortalecimiento muscular; estimulación del sistema inmunológico; mejoramiento de las habilidades motrices; adquisición de energía, habilidad, impulso, reflejos, coordinación, rapidez, potencia; y un largo etc al que yo personalmente agregaría que “te deja sedadito y sanamente cansado”, con ese cansancio satisfactorio que te da la actividad física, y que nada tiene que ver con ese otro, estresante y ubicuo, que te dan las “horas pc”. Todo esto, si y sólo si, se practica en el lugar adecuado y bajo la dirección de la persona adecuada.
Pero aún todo esto no quita que en realidad estás practicando un “arte marcial”, una disciplina física para la guerra. Que uno mismo (and friends) tenga una actitud pacífica; que espere realmente no usarlo nunca; que lo haya usado alguna vez sólo después de haber agotado todas las posibilidades; o que lo utilice como oportunidad de autosuperación y sana competencia; bien, todo bien. Pero, repito: es un arte marcial. Por tanto, practicar el movimiento del golpe, sin nunca dar el golpe; practicar el movimiento del bloqueo sin nunca efectuar el bloqueo; practicar el movimiento de la llave, sin nunca efectuar una llave, es, lisa y llanamente, una gilada, una pérdida de tiempo.
El problemita es, me parece, que a veces se venden las artes marciales sin su marcialidad, porque esa marcialidad le exigiría al practicante, algunas cosas que no está dispuesto a hacer en su vida, y que menos aún estaría dispuesto a hacer porque se lo exigen. Son pavaditas, nimiedades: esfuerzo, disciplina, templanza, perseverancia, más esfuerzo, humildad, atención, más esfuerzo, orden, sinceridad, caballerosidad, camaradería, y más esfuerzo aún. Pavaditas y nimiedades que DEBEN acompañar la evolución del practicante, para que las patadas, golpes a los genitales, golpes a la nuez, golpes en las costillas, desgarramientos, luxamientos, rompimientos, y golpes certeros que pueden llegar a causar hasta hemorragias internas, no sean el arsenal de un “mono con revólver” o de un matón de barrio, sino los últimos recursos defensivos de alguien que busque, a través de estas artes, una cuota de autosuperación y autodisciplina.
Por supuesto, cuando no queda más remedio, es lícito defender o defenderse; pero la medida de la defensa la conoce sólo quien conoce bien con qué cuenta, con qué arsenal de técnicas creció, y para qué sirve lo que le enseñaron.
Le dejo la palabra autorizada a quienes saben más que yo:
- Mi instructora de tai-chi-chuan.
- Mi instructor de kung-fu.
- Mi “sifu” (maestro) de kung-fu.
Peeeero, para XavMP, que acusa una supina ignorancia en estas lides, le dejo este link para que sepa qué es el Chi-kung (chi-kung, Xav, no “ichicunoseque”).

Agosto 9th, 2008 - 9:53
Gracia por el contenido de Banalizaciones de hoy. Muy constructivo, sobre todo por el instructivo link, vamos a ver si me tomo un totiem.
TE cuento que Bárbara incursiona en el tema Tai Chichuan hace un par de meses con resultados irregulares (asiste más por lo de la perseverancia y el esfuerzo).
Lamentablemente, la profesora quiere ahora hacer “talleres” de meditación sobre “distintos temas”. ¡sonamos!.
Agosto 25th, 2008 - 10:57
Me gustó:
“…no es otra cosa que el reblandecimiento para el consumo de incapaces.”
Pone en palabras las causas de mi incapacidad por interesarme en las vertientes “no marciales” del pa kua.