Casi con cargo de conciencia por mi falta de constancia, retomo aquella serie de Novedades presocráticas I, II, y III que dejé inconclusa allá por Febrero. Y esta parte se la dedico casi enteramente a Severian, que estaba muy interesado en los temas subsiguientes.
Así que, dadas ya las disculpas y alusiones, seguimos con:
- Demócrito de Abdera (aprox. 470-361 a.C):La vida y el pensamiento de Demócrito están estrechamente asociadas con la de Leucipo, quien sería el “inspirador” de sus ideas más elaboradas:
“… asociado a la filosofía de Parménides, no siguió su mismo camino ni el de Jenófanes, sino, a lo que parece, más bien el contrario. Pues, mientras que aquellos consideraban al todo, uno, inmovil, increado y limitado y ni siquiera permitieron la búsqueda de lo que no-es, éste postuló innumerables elementos en perpetuo movimiento - los átomos - y sostuvo que el número de sus formas era ilimitado, basándose en que no había razón para que un átomo tuviera una forma en lugar de otra; observó también que la llegada al ser y el cambio eran incesantes en los seres. Sostuvo, además, que el no ente existe igual que el ente y que ambos, por igual, son la causa de las cosas que llegan a ser. Supuso que la naturaleza de los átomos era compacta y llena, que existía lo ente y que se movía en el vacío, al que denominaba no-ente y del que afirma que existe no menos que el ser. De la misma manera, su compañero Demócrito de Abdera estableció como principios lo pleno y lo vacío….” (Simplicio, Física. 28, 4)
Sin embargo es a Demócrito al que se le atribuye la consolidación y la presentación ya más formal de lo que llamamos la “teoría atomista”, de la que esbozaré apenas algunas notas:
1- Lo que llamamos generación y corrupción no es más que mezcla y separación de los elementos originarios, que son inmutables y eternos. Estos elementos originarios serían entidades materiales, infinitamente pequeñas y, por lo tanto, imperceptibles para los sentidos, y de carácter estrictamente cuantitativo, a los que Demócrito llamará átomos (término griego que significa “indivisibles” ) por su cualidad de ser partículas indivisibles.
2- Estos átomos existen desde siempre en el vacío, sometidos a un movimiento que les es propio. Por lo tanto, todo lo que existe son los átomos y el vacío. Ahora bien, sin la existencia del vacío resulta imposible explicar el movimiento, por lo que necesariamente tiene que existir. Los átomos se mueven en ese vacío en línea recta en un principio, pero, por causas estrictamente mecánicas, algunos de ellos salen de su trayectoria y chocan contra otros, a los que desvían, chocando el conjunto contra otros átomos, provocando la agregación en conjuntos de átomos cada vez mayores, y que darán lugar a la constitución de los objetos tal como nosotros los conocemos.
“Leucipo y su compañero Demócrito sostuvieron que los elementos de las cosas son ‘lo lleno’ y lo ‘vacío’, o con sus propias palabras, el ’ser’ y ‘no ser’: lo lleno y lo sólido es el ser, y el no-ser es lo vacío y lo raro -con lo cual admiten la existencia del no-ser no menos que la del ser …-; esas son las causas de las cosas existentes, según ellos, en el orden de la causa material”. (Aristóteles, Metafísica,I,4, 985b)
Suena conocido ¿no?. De hecho, la estructura atómica de la realidad es un área de estudio que ha salido de la filosofía hace rato, pero aún así no puede negar la inspiración en Demócrito. ¿Pero cómo hizo Demócrito para saber que la estructura material de las cosas se podía descomponer en átomos? No lo hizo, no sabía. Lo supuso, aventuró una hipótesis, fue una intuición genial.
Tomemos en cuenta, sin embargo, que aún no se puede despegar de la causa material de las cosas. El hecho que atribuya las distintas disposiciones de los átomos que dan origen a las cosas, a la mera “casualidad”, ya habla a las claras de los límites de la teoría en cuanto a explicación del por qué de las cosas. O sea, puede explicar el por qué Milkus Maximus está sentado frente a la PC diciendo que la masa atómica ocupa determinado lugar en la habitación ocupando tal volumen con tal masa justo frente a otra masa atómica de diferente disposición volumen y masa llamada PC, pero se le escapa el “por qué” esencial, y hasta el meramente psicológico. Y esto no es un demérito del mecanicismo, sino tan sólo un límite -natural, por cierto- de una manera de explicar UN aspecto de la realidad, o UN aspecto del origen de esa realidad, y no precisamente el más complejo.OJO: no debemos incurrir nuevamente en un anacronismo. Tales profundidades o exactitudes, no se podían pedir a los filósofos de aquel tiempo.
- Anaxágoras de Clezomene (500-428 a.C):
Anaxágoras marca, de alguna manera, un paso más allá en la comprensión de lo real, objetivando, de alguna manera, la causa material de las cosas como tal, e intuyendo o prefigurando algunas ideas que después haría germinar Aristóteles. Recomiendo la lectura de los capítulos 3, 4, y 5 del primer libro de la Metafísica, donde Aristóteles hace un compendio más que interesante de algunos de los filósofos que lo precedieron. De mismo anaxágoras dirá (Cap 3): “…pareció sobrio y prudente en comparación de los antiguos, amigos de decir cosas banales”.
Nota por una parte que el principio material de que están constituidos todos los cuerpos y que los jónicos confundían con tal o cual elemento determinado, debe contener en cierto modo, en sí mismo, toda la diversidad de seres que se derivaraán de ese principio: nada podría provenir de la nada. Y cree, por consiguiente, que ese principio consiste en una mezcla infinita de todas las naturalezas y de todas las cualidades, de modo que cada partícula material contiene en sí elementos (”omeomerias”) de todos los demás (por ejemplo, cada partícula de pan que comemos, contiene en sí elementos invisibles de hueso, de sangre, de carne, etc. y de los demás seres, que se encuentran todos, cambiadas sólo sus proporciones, en cada partícula de hueso, de sangre, de carne, etc. ); concepto un poco extraño , pero que anuncia a su modo la gran idea aristotélica de la materia prima, que es nada “en acto” y que lo es todo “en potencia”.Por otra parte, y esto es su principal mérito, comprende que el principio material de que están hechas las cosas no basta para explicarlas. Es preciso además conocer el principio que las produjo (causa eficiente o causa motriz) y el fin por el cual esta causa agente obró (causa final). Para dar razón de por qué Sócrates está sentado en la prisión, ¿bastará, como dirá Platón, decir que tiene huesos, articulaciones y músculos dispuestos de tal o cual modo? Es preciso explicar quién hace que estos músculos y huesos estén así dispuestos, y por qué, con qué finalidad están así.Existe entonces un “Nóus” (un orden, una inteligencia, un orden inteligente, es difícil traducir el término) que ordena esas proporciones y les da una finalidad, aunque sea material (la porción material “oído” está formada con esa forma y en esas proporciones de distintas materias (diría Anaxágoras) para poder ejecutar la acción de “oir”. No es un ordenamiento azaroso o casual (como quiere dar a entender Demócrito) sino por lo menos funcional, que “sirve para”.
No es un concepto tan raro este. De hecho, desarrollos posteriores de este germen de idea serán los que permitan a las ciencias avanzar como ciencias. Pero eso, es otra historia.
