La última parte fue la más fácil. Ayer, aquí en Buenos Aires, hacía MUCHO frío. Pero mucho en serio eehhh!!! Todos los competidores hacíamos lo imposible por entrar en calor. Y hasta yo, que no gusto demasiado de correr, me puse a dar vueltas en torno a una cancha de basquet vecina que hay en el gimnasio donde se hizo el torneo.
En estas competiciones hay que usar, además, el sentido de previsión y el cerebro. En la categoría pesados éramos tres; y de los tres, yo era el más “pequeño” físicamente, con lo que el uso de la fuerza quedaba totalmente descartado de mi parte. Debía ser astuto, rápido, y apelar tanto a la técnica como a mi reducida experiencia.
Ya estuve en circunstancias similares, y la torpeza de “los grandotes” me jugó a favor, sobre todo porque ellos no exhibían una muy buena técnica.
El resultado, de todos modos, fue vergonzoso: el tercero de tres. Y una actuación que apenas alcanzó para salvar el honor.
Algunas lecciones aprendidas:
- No podés entrenar en una semana lo que no entrenaste en un mes.
- Si no admitís tu grado de nerviosismo, no lo podés objetivar, y seguramente se tornará inmanejable cuando menos lo esperes.
- Con un grandote tenés que bajar aún más tu altura: arriba-abajo se les torna difícil cuando sólo pulsean hacia adelante o hacia atrás.
- Es estúpido dejarte agarrar pensando que vas a poder girar la situación con una llave. Si tiene más fuerza en los brazos, también la tendrá en las manos. Por algo es más grandote.
- Mirar los pies, mirar los pies, mirar los pies del adversario de vez en cuando. Eso te da idea de su nivel de estabilidad.
- Concentrarte en el combate en que estás, no en el que te toca después.
Casi, casi Milkus Maximus, pasa a ser una nueva marca de trapo de piso.
