1ra parte: La instancia mítica:
Dentro de la mitología tolkeniana, los Palantir, o Palantiri eran piedras creadas en un tiempo mítico, perdido en el tiempo:
“estas piedras tenían una virtud: quien las mirara vería en ellas la imagen de cosas distantes, fuera en el espacio o en el tiempo. Casi siempre revelaban sólo cosas afines a otra Piedra emparentada, porque las Piedras se llamaban entre sí; pero quienes eran fuertes de voluntad y de mente podían aprender a mirar a dónde quisieran. De este modo los Númenóreanos llegaban a conocer muchas cosas que el Enemigo pretendía ocultar, y poco escapó a esta vigilancia durante el tiempo en que tuvieron gran poder”. (Silmarillion, “De los anillos de poder y la tercera edad”)
Los avatares de la “historia” de Tolkien nos mostrarán esas piedras ya encarnadas en la historia de la Tierra Media, en distintas circunstancias y relacionadas con distintos personajes.
“-¿Para qué los utilizaban los hombres de antaño? -inquirió Pippin, feliz y estupefacto; estaba
obteniendo tantas respuestas y se preguntaba cuánto duraría eso.
-Para ver a la distancia y para hablar en el pensamiento unos con otros -dijo Gandalf -. Así fue como custodiaron y mantuvieron unido el reino de Gondor durante tanto tiempo. Pusieron piedras en Minas Anor, y en Minas Ithil, y en Orthanc en el círculo de Isengard. La piedra maestra y más poderosa fue colocada debajo de la Cúpula de las Estrellas de Osgiliath antes que fuera destruida. Las otras estaban muy lejos. Dónde, pocos lo saben hoy pues ningún poema lo dice. Pero en la Casa de Elrond se cuenta que estaban en Annúminas y en Amon Sul, y que la piedra de Elendil se encontraba en las Colinas de la Torre que miran hacia Mithlond en el Golfo de Lune, donde están anclados los navíos grises.
»Los palantiri se comunicaban entre ellos, pero desde Osgiliath podían vigilarlos a todos a la vez. Al parecer, como la roca de Orthanc ha resistido los embates del tiempo, el palantir de esa torre también ha sobrevivido. Pero sin los otros sólo alcanzaba a ver pequeñas imágenes de cosas lejanas y días remotos. Muy útil, sin duda, para Saruman; es evidente, sin embargo, que él no estaba satisfecho. Miró más y más lejos hasta que al fin posó la mirada en Barad-dûr. ¡Entonces lo atraparon! ¿Quién puede saber dónde estarán ahora todas las otras piedras, rotas, o enterradas, o sumergidas en qué mares profundos? Pero una al menos Sauron la descubrió y la adaptó a sus designios. Sospecho que era la Piedra de Ithil, pues hace mucho tiempo Sauron se apoderó de Minas Ithil y la transformó en un sitio nefasto. Hoy es Minas Morgul” (El Señor de los Anillos, “Las dos torres”)
Hay una instancia de tiempo pretérito, mítico, en que estas piedras eran medios de conocimiento, pero de un conocimiento condicionado:
- Ninguna de ellas poseía una capacidad “total” de conocimiento, sino que esta capacidad y este conocimiento se veían enriquecidos en la comunicación y la integración de lo conocido por cada piedra, con lo conocido por las demás piedras (”…Casi siempre revelaban sólo cosas afines a otra Piedra emparentada, porque las Piedras se llamaban entre sí“). O sea, aisladas, su conocimiento es “parcial”.
- En cualquiera de ellas existía, sin embargo, la posibilidad de un conocimiento más específico, más dirigido (”… quienes eran fuertes de voluntad y de mente podían aprender a mirar a dónde quisieran“).
- Esto implicaba:
a) Un alejamiento parcial del conocimiento integral que brindaba la relación de dependencia entre las piedras.
b) La adquisición de un conocimiento más específico, utilitario y práctico (”… De este modo los Númenóreanos llegaban a conocer muchas cosas que el Enemigo pretendía ocultar, y poco escapó a esta vigilancia durante el tiempo en que tuvieron gran poder“).
- Existía, sin embargo, una instancia de conocimiento total sobre todas las piedras, en la “Piedra de Ithil”, con la que se podía vigilar lo que las otras piedras veían. Pero esa piedra “… Sauron la descubrió y la adaptó a sus designios“.
- Esto no implica que la instancia de un conocimiento más “global” y abarcativo sea una prerrogativa del enemigo: significa que de este lado del tiempo y de la tierra (la “Tierra Media”) este lo ha adaptado a sus designios.
