Lo interesante de estos elementos míticos no reside, ciertamente, en ellos mismos, salvo que uno pretenda adentrarse en el simbolismo de elementos marginales de la obra. Lo más interesante reside en las posturas y acciones de los personajes frente a estas piedras.
De Saurón ya sabemos las motivaciones, o LA motivación única: la consecución del poder y el aplastamiento de todo lo que no sea él mismo.
Aragorn verá su destino ligado a una de estas piedras de manera casi secundaria y utilitaria. Sin embargo será, de los personajes en danza, el único capaz de darles un sentido nuevo:
“Peligrosa es en verdad, mas no para todos -dijo Aragorn-. Hay alguien que puede reclamarla por derecho propio. Porque este es sin duda el palantir de Orthanc del tesoro de Elendil, traído aquí por los Reyes de Gondor. Se aproxima mi hora. La llevaré“
Gandalf no quiere saber nada con ellas que no sea que terminen en buenas manos, determinación que, curiosamente, excluye las suyas propias:
“Gandalf miró a Aragorn y luego, ante el asombro de todos, levantó la piedra envuelta en la capa y con una reverencia la puso en las manos de Aragorn.
-¡Recíbela, señor! -dijo- en prenda de otras cosas que te serán restituidas“
Los hobbits sólo se encontrarán con ellas de manera casual y secundaria.
Saruman, utilizará una de ellas, en principio, para obtener poder y conocimiento, pero le saldrá el tiro por la culata y perderá la que tenía:
“Es fácil imaginar con cuánta rapidez fue atrapado y fascinado el ojo andariego de Saruman; lo sencillo que ha sido desde entonces persuadirlo de lejos y amenazarle cuando la persuasión no era suficiente. El que mordía fue mordido, el halcón dominado por el águila, la araña aprisionada en una tela de acero. Quién sabe desde cuándo era obligado a acudir a la esfera para ser interrogado y recibir instrucciones; y la piedra de Orthanc tiene la mirada tan fija en Barad-dûr que hoy sólo alguien con una voluntad de hierro podría mirar en su interior sin que Barad-dûr le atrajera rápidamente los ojos y los pensamientos“
Denethor, el senescal de Minas Tirith, también usará una de ellas, en principio para servir a su pueblo, pero terminará atado de pìes y manos para este objetivo, precisamente, por culpa de la piedra que tenía en su poder:
“En los tiempos en que aún estaba cuerdo, Denethor jamás pensó en utilizarla, ni en desafiar a Sauron, pues conocía sus propias limitaciones. Pero al fin la prudencia le falló, y cuando vio que el peligro no dejaba de crecer, temo que haya escudriñado la piedra, y se dejara engañar; más de una vez, sospecho, después de la muerte de Boromir. Y aunque era demasiado grande para someterse a la voluntad del Poder Oscuro, sólo vio lo que ese Poder quiso mostrarle. No cabe duda de que los conocimientos así obtenidos le eran a menudo provechosos; pero el poder de Mordor que le habían mostrado alimentó la desesperación en el corazón de Denethor, hasta trastornarle el entendimiento“
El mismo texto nos habla repetidas veces de la naturaleza utilitaria de los palantir: son para “ver” cosas, para conocerlas. Ventanas de conocimiento a cosas remotas, tanto en el espacio como en el tiempo.
Los dos personajes que más “las usan”terminarán limitados por el mismo tipo de conocimiento que buscan, pues este conocimiento será puntual, específico, y como tal, limitado, ya que “sin los otros sólo alcanzaba a ver pequeñas imágenes de cosas lejanas y días remotos”
La historia de los Palantir habla, entonces, no de la perjudicialidad del conocimiento, sino del riesgo y la peligrosidad del conocimiento específico y unifacético. Peligro que sólo es salvable mediante la prudencia y una voluntad muy fuerte de no quedarse en los límites de lo que uno ya sabe.
Se trata entonces, más que de la utilización del conocimiento, de la postura frente a las cosas por conocer: lo que yo conozco de la cosa puede ser cierto, pero siempre incompleto, y sólo avanzaré a un conocimiento más “integral”, cuando abandone la seguridad que me brinda mi propia esfera de saberes específicos. Lo que no implica renegar de ellos, sino estar abiertos a completarlos y a aprender aún más.
La posesión de un conocimiento específico y puntual es (aunque de una manera vacua y frágil) un tipo de poder frente al que no conoce. Pero es un poder efímero que se vuelve contra nosotros y se transforma en trampa.: “No cabe duda de que los conocimientos así obtenidos le eran a menudo provechosos; pero el poder de Mordor que le habían mostrado alimentó la desesperación en el corazón de Denethor, hasta trastornarle el entendimiento” Denethor vio siempre cosas ciertas y verdaderas, pero sólo las que Sauron quiso mostrarle. Su desesperación no nació de ver la verdad (que el poder del enemigo crecía) sino de ver sólo ESA parte de la verdad.
OJO, que aquí hay que cubrir una salvedad: descubrir nuevos matices de algo implica una fidelidad inicial a la simplicidad de lo que la cosa es. Lo que enriquecerá mi conocimiento de la cosa será el descubrimiento de nuevas facetas, no la redifinición de lo que la cosa es. Confundir nuevos atributos con nuevas cosas, equivale a negar que algo se pueda conocer, pues el ser de la cosa pasa a ser un mero atributo circunstancial que hoy es tal y mañana es otro. Si la cosa nunca ES propiamente, sino que sólo “deviene” nada coherente se puede decir sobre nada, porque entonces toda afirmación sobre algo será falsa al segundo siguiente.
Por eso, este pequeño escolio sobre una pieza marginal en una gran obra, estas pequeñas distracciones que son los Palantir, no hablan de la nulidad, inutilidad, o inexistencia de cualquier pretensión de conocimiento, sino que habla de los límites. De los límites del que conoce; de la trampa que implica echarse en los laureles frente al conocimiento adquirido; y de que la apertura real al conocimiento implica, primariamente, una actitud de la voluntad.
El resto, es mero conformismo.

Octubre 1st, 2008 - 21:42
A pesar de ser un lector ocasional de obras fantásticas, por alguna razón nunca logré engancharme con Tolkien. Tal vez sea el prejuicio que tengo contra casi cualquier fenómeno literario masivo. Hay demasiadas personas que leyeron *solo* a Tolkien y que luego me contaron lo buenos que están sus libros. Ahora que Ud. los comenta favorablemente, teniendo ciertamente contra qué compararlos, los miraré con otros ojos.
Algo parecido me pasó con Kafka hasta que hace unos años me obligué a leer sus cuentos, y concluí que objetivamente no me gustaban. Por suerte la cantidad de cholulos similares admiradores de Borges no lograron vedarme el placer de leerlo.
Ud. podría considerar que un prejuicio “anticholulo” tan general es simplemente dañino, si no le cuento que es el mismo que me salvó de “Código Da Vinci” (y no pretendo con esto comparar ambas obras, sé que Tolkien tiene mucho más para decir que Dan Brown, desde que fué capaz de imaginarse un mundo completo).
Octubre 2nd, 2008 - 6:01
Bueno, es que sino uno se queda con la duda de si no se perdió de algo. Y eso, en el mundo de los lectores, es casi un pecado mortal.
Yo leí a Dan Brown haciendo caso omiso de mis prejuicios y de varios consejos, y concluí que esta vez, mis prejuicios tenían razón. Si valía la pena perder el tiempo para llegar sólo a esta comprobación, sólo el tiempo lo dirá.
Y respecto a Tolkien, me gusta distinguir entre “fanáticos de Tolkien”, y “fanáticos de sus obras”. Y creo que comúnmente se encuentran más de los segundos que de los primeros. En lo personal, me anoto en la lista de fanáticos de Tolkien, sencillamente porque he ido descubriando en estos años, al autor detrás de la obra, y francamente, es tan interesante como sus libros.
Por otro lado, me parece que respecto a “El señor de los anillos” suele haber una confusión estilística frecuente. Y es que se lo rotula como “literatura fantástica”, olvidando u omitiendo que, qunque sea fantástica, es fundamentalmente una épica. pero bueno, supongo que como rótulo de mercado pega más el de literatura fantástica, y que además, debe quedar poca gente capaz de distinguir entre un estilo y otro.
Octubre 3rd, 2008 - 11:15
Milko: Muy buena toda la serie de los dos artículos. Cuando yo leí sobre los palantires (no sé si ése es el plural [lo mío no son las lenguas tolkienianas]) no lo asocié con lo que vos sino con el vicio de la “curiositas” de que habla Santo Tomás (lo que nosotros llamaríamos curiosidad malsana). Por eso me gustó la vuelta de tuerca que le diste. Una vez más se confirma que LOTR es un pozo inagotable de temas.
Octubre 9th, 2008 - 5:41
Son las 7 de la mañana y acabo de descubrir este artículo, brillante. Me refuerza mi voluntad de volver a leer LOTR el año que viene.
Coincido con CyF