Y pasó otra vez.
Las dos anteriores vimos que la mano venía muy pesada con el cliente, que la relación iba a ser densa y áspera, y que por tanto el costo del trabajo sólo alcanzaría a pagar los relajantes o la terapia que nos hiciesen falta. Así que decidimos pasar presupuestos ridículamente altos, para que el cliente nos dijese que no, y se fuese escandalizado a buscar a otro para que le haga el trabajo.
Las dos veces los clientes nos aceptaron el presupuesto …
Ahora no somos nosotros los que tratamos primeramente con los clientes, sino un intermediario que no los aguanta más y nos anticipó la que se venía. Tanto le pareció que la mano venía pesada, que directamente nos dijo que nos hiciésemos cargo nosotros de todo.
OK … a nuestro modo, y hasta hora todo por mail, ya les aumenté dos veces el presupuesto. Me lo aceptaron.
El lunes nos veremos las caras por primera vez.
Creo que esta manera de actuar por mi parte se debe a que estoy actuando sobre una fuerte base de “me importa un cuerno”. Así que, cero obsecuencia, cero complacencia. las cosas como son, y si no le gusta, que busque otro.
Veremos, veremos, después lo sabremos.


Octubre 18th, 2008 - 13:25
yo trabajo para la eternidad.
Así le respondio ese muchacho que pulía su gárgola a la entrada de la Catedral, cuando otro le dijo que hiciera lo mismo en el pórtico de su casa (¡Te pago tres veces más!), porque la gárgola combinaba con su enano de jardín.
G. K.
Octubre 18th, 2008 - 13:58
Que termine bien. No es raro que al subir el precio hasta el ridículo los clientes lo tomen. ¿?
Saludos