Zona de Insomnio

Chronica Hispaniensis

Febrero 27th, 2009

Maru es una amiga de años, y a pesar de su peregrinación Venezuela-España, hemos mantenido (detalles más detalles menos) nuestra amistad a través de los años y a través de Internet.

Admito que a veces debo saturarla: mi curiosidad ronda a veces lo obsesivo, y yo la bombardeo a preguntas y más preguntas, aún a sabiendas que está en horario de trabajo. Así que, para ahorrar más trámites, tuvo la deferencia de escribirme unas líneas sobre uno de los temas recurrentes en nuestros chats: la crisis en España.

El otro día hablando con Milko me hizo la misma pregunta  cada vez más recurrente : “Cómo está pegando la crisis en España?”.
No era ni la primera ni será probablemente la última vez que me lo pregunten, entonces de ahí y de un poco de “jeta” mía y de cansancio de parecer que soy la que inaugura ciertas corrientes de pensamiento de calle, decidí presentarle la idea de describir lo que veo desde mi visita y luego llegada hace casi seis años, en su blog y aceptó la propuesta .

A tiempo real mientras que cuento esto, tengo como soundtrack una de las tantas personas que pasan por los trenes contando que han perdido el trabajo, que están en el paro, o que están enfermas y necesitan dinero para curarse. Vuelve a ser una chica como de 20 años, con la cara arruinada por un extraño acné que recuerda a la generación que el caballo enganchó hasta las profundidades de la tierra en la década del ‘80 en este país, mientras otros, gozaban de la movida.

Eso sí, son las 8.30 de la tarde y estoy en un transporte público con una laptop, y todavía no me la robaron en el  tren en el que recorreré los sesenta kilómetros que me separan de mi casa, esperando que el wi fi sea wide, Teléfonica mediante, si no pagas… no tienes.

En un rato más subirá una cuadrilla de seguridad privada que custodian al revisor (chancho), parece que cobrar o pedir abonos es una tarea cada vez más difícil.

Criziz

Si, criziz, con Z de Zapatero, con Z de pronunciación.
Señores a España a llegado la crisis y olé y hala!!

A la… se irá este producto de mala gestión que huele tan a argentino. Una crisis anunciada por el tren de vida con matices cuasi menemistas -¿se acuerdan coches nuevos, viajes…? y que llegó “just in time”, después de las vacaciones.

Nuestra madre patria tiene esos qués… Primero hubo tiempo de cañas y terracitas, de préstamos para ir de vacaciones y luego vino el “canto en los dientes” de la crisis.
Desde el 2002 fuimos viviendo diferentes cosas. Las cosas aumentaban sigilosamente, la gente se volcaba a las marcas blancas y pasaban de comprar en supermercados de primera a escabullirse en el Dia con anteojos de sol para que no los reconocieran y una bolsita de El Corte Inglés.

A ese paso y como indicativo, el abono de transporte trepó de € 4,75 a 14,50. Eso sí: “Inflación” es un término para países subdesarrollados  o en vías de extinción.
Sí, sí, sí… Pasaron seis años para ese aumento, pero el deterioro del poder adquisitivo y la calidad de vida fueron proporcionalmente en descenso.

¿Corralito? ¡No, ni de coña! Eso pasó sólo en vuestro país. Es verdad, nos tocaron las partes más íntimas sin permiso, y acá con mamá Comunidad Europea no pueden ser tan asquerositos… Pero en vez de tocar, ataron de pies y manos a un país que tiene en la médula el terror de volver a ser agrícola, un pueblo de señores bajitos trabajadores de sol a sol y con las boinas hasta la cejas. No quieren ser como sus abuelos por muchos motivos, pero especialmente porque son europeos. Ahora lo son, globalizados y eurizados, tan europeos. Entonces, para atarlos están las hipotecas, que los atan poniéndoles un círculo vicioso en la garganta.

Claro… Para un argentino, “Hipoteca” suena a -por ejemplo- el Banco Hipotecario… A posibilidad, a futuro, al sueño de la casita propia.
En España hubo algo de eso, pero con muchas pizcas de cuestiones sociales-culturales de no volver atrás, de tener la casa más grande, de vivir en el centro, de no ser menos. Resultado: La mayoría de la población está hipotecada por un piso (departamento) que pagarán a 25, 30 o 40 años.

Las hipotecas tienen, como eje central para su valor, el Euribor (todo es eu de Europa) y el Euribor comenzó su escalada. Los sueldos son los más bajos de Europa y rondan en su mayoría los 1000 Euros, ahora con suerte. Digamos que el cocktail se venía poniendo difícil pero, si agregamos que también hay un cúmulo de otros préstamos que se sumaban cercenando el ingreso mensual, la cosa se va poniendo oscura.

De no pedir préstamos, de pagar sacando un pañuelo del corpiño con las pesetas multicolores y multitamaños, a pagar con plástico de colores, a que la nómina -el sueldo- vaya de la cuenta del empleador al empleado y se esfume entre los créditos y préstamos para el coche nuevo, para  el comienzo de las clases, para las vacaciones, para la salidita de los puentes (feriado cerca de los fines de semana), para estudiar el master, para refaccionar el piso, para colocarse implantes dentales, para, para…

La situación desbarrancó.

En Septiembre llegó el peor de los inviernos, mientras que el gobierno de Zapatero intentaba calmar a las fieras con palabras y palabras. A pie de calle, el volumen comenzó a subir y a hacerse insoportable. Primero los no sé que Brothers, luego Islandia, mientras que Angela Merkel decidía cuidar a los suyos por más Unión que haya. Las primeras cifras, las primeras estimaciones, “que si dura un año o dos”… Hasta que empezaron los despidos en masa.

El sector de la construcción había sido la panacea de los últimos 15 años. Liberar tierras para construir y una actitud permisiva para que los inmigrantes de todos los colores y tamaños se sumaran a las legiones de obreros que danzaban con las plumas y los camiones mezcladores de cemento. La construcción que logró que aparecieran oasis como Seseña que aspiraba a ser un “Las Vegas”, entre Toledo y Madrid, con cinco mil viviendas construidas (o más) en un páramo. Los que compraron allí no tienen servicios, están como en un villa pero organizada, gracias a la explosión de ambiciones y a la falta de proyección de este cáncer.

Cáncer porque creció y creció, sin medida. Madrid empezó a extenderse con barrios nuevos de edificios color ladrillo y dicroicas por todas partes. Un piso por cada arbolito esquelético y -entre medio- grandes avenidas que auguraban progreso. Hoy por hoy, muchos de esos barrios son ciudades fantasmas como en los westerns, al punto que al pincharse el globo de la solidez económica aparecieron los robos, que se van poniendo cada vez más violentos. En esos barrios a estrenar, hay mucha inseguridad.

Resumiendo: Madrid se desvirtuó en una mole de ladrillos. Transitar por la ciudad entre las obras públicas, el Metro y la M-30(la “General Paz” madrileña) era imposible. Esta expansión se precipitó a la hora de que Madrid fuera postulada Ciudad Olímpica para el 2012, sueño que terminó transformado en cenizas.

Luego vinieron los despidos en el sector automotor. Claro, se podía prescindir de cambiar el coche. Mientras tanto el gobierno daba palos de ciego.

Corralito, no. Pero los bancos los tienen atrapados y el cuadro es el siguiente: Familias morosas en quiebra, pisos devueltos a los bancos, juzgados empapelados de impagos…

Los inmigrantes -sobre todo los del estilo golondrina- se vuelve con lo que ahorraron luego de no invertir un duro en España. Inclusive el gobierno ha lanzado una campaña de retorno para ellos.
Los inmigrantes fueron la solución a mediano plazo. Los que aportarían a la seguridad social para soportar la anquilosada pirámide poblacional, constituida por mayores de 65 años. Los que enviarían sus hijos a las escuelas, repoblarían burgos podridos, activarían sectores económicos y serían mano de obra dispuesta y barata.
Fue un bluff que espero no salga peor… Porque en un plazo de cinco años, España dejó a muchos sin trabajo y con proyectos truncos, bajo el justificante “es que no pudimos adaptarnos al tsunami de la inmigración”. Como argentinos… nos suena a chiste, pero a ellos no, de hecho hace meses que lanzaron un plan de retorno que asegura parte del seguro de desempleo, ayuda para el viaje de parte del Estado y de la otra parte el compromiso de que no regresaran hasta dentro de tres años.

Hoy en uno de los tantos periódicos gratuitos que surgieron salió una inquietante noticia: “Falta de luz en ciertas carreteras por el robo del cableado que contiene cobre”. El cobre se paga muy bien en el mercado chatarrero.

Y así, con promociones y un marketing cada vez más agresivo, con colas en la seguridad social en los hospitales, con los juzgados tapados de causas de morosidad y despido improcedentes, con rateros, carteristas y ladrones de toda calaña, se acaba el sueño español, para muchos.
En el caso de los argentinos, la última marejada que nos trajo fue la del 2001, pero otros ya se la veían venir desde antes y cumplen la década en estas tierras. Para muchos de nosotros, por ahora, la “cosa” está aquí: casas, hijos e historia.

One Response to “Chronica Hispaniensis”

  1. DARIO DELMASTRO

    Yo estoy persuadido de que no existe un solo país, que varios países coinciden en la misma geografía. Y no estoy hablando de diferentes regiones con todos sus característicos regionalismos, me refiero a que en el mismísimo lugar que tomemos, conviven varios países. En la esquina de Callao y Gran Vía coexisten varias Españas al mismo tiempo. Algunas de ellas totalmente invisibles a las otras. Otras Españas sospechando que hay algo más, intuyendo que hay otras realidades y, tal vez, intentando olvidarse bien rápido para no tener que angustiarse.
    En cualquier vagón del Metro o del Cercanías comparten el mismo aire varias Españas, y al mismo tiempo posiblemente nada más que el aire que respiran, y solo si se mezclan olores extraños a algunos, imperceptibles a otros, hay una extraña y subliminal sugerencia de que “no estamos solos”.
    Es que la realidad en la que vivimos se compone, se cristaliza, a partir de nuestra percepción de lo que nos rodea. Aún los análisis más concienzudos no escapan a nuestra personal circunstancia (mis respetos señor José Ortega y Gasset).
    Que España está en crisis, personalmente no me cabe la menor duda. Pero cuál es la crisis no me queda tan claro. Pienso que sería más fácil intentar entender cuales son las crisis para las diferentes Españas.
    Me acuerdo de una distinción que hace un amigo mío: una cosa es la calidad de vida y otra muy distinta es el nivel de vida. Comenta él, el nivel de vida se mide por las cosas a la que se puede aspirar, y el nivel de vida social por la cantidad de gente que consigue aspirar a aquel conjunto de cosas que se reconocen como de cierto nivel. En cambio calidad de vida se mide básicamente por el tiempo que consigues ser simplemente feliz, y la calidad de vida social por la cantidad de gente que consigue ser simplemente feliz la mayor parte del tiempo.
    Es muy posible que la mayoría de las Españas hayan descendido en su nivel de vida, no todas obviamente.
    Es muy posible también que otras tantas Españas hayan descendido en su calidad de vida, no todas obviamente.
    Pero lo más curioso para mí es que no veo una relación directa entre las distintas Españas y los niveles y calidades de vida.
    Que para algunos (muchos, muchíiiisimos para el inconsciente colectivo español) haya descendido el nivel de vida se muestra bastante evidente: no cambio el coche como todos los años, no tiro el televisor pequeño (si, se tiraba aún funcionando, se ponía con cierto cuidad al lado de los contenedores de basura para que “alguien” lo aprovechara – si se me permite la digresión yo conocí personalmente a una persona que a principios del 2004 amuebló completamente la sala de estar con muebles y aparatos electrónicos que recogió en la calle, todos en perfecto estado de uso), no tiro los muebles del salón “porque están sucios”, etc., etc., un interminable etcétera dependiendo de los poderes adquisitivos…
    Ya para la calidad de vida la cosa se complica mucho más: la calidad de vida depende muy fuertemente de la percepción, y esto relativiza enormemente las cosas: no me gusta que haya gente pidiendo en los metros y cercanías de Madrid, pero la red de transporte público de Madrid es sobresaliente. Claro, que si uno de los mejores servicios de transporte público del mundo que yo conozco es invisible a una cantidad sorprendente de Españoles de todas las Españas que conviven en esta geografía madrileña, en nada afectan a su apreciación de la calidad de vida que ofrece esta ciudad. Si su percepción de las cosas que le aportan felicidad, o que se la quitan, está en descenso, entonces fatalmente su calidad de vida, su sensación de simple y mundana felicidad decae.
    Hay un real aumento de la incertidumbre económica, y de la laboral que emocionalmente tanto afecta. Creo que de eso no hay dudas, por lo menos razonables.
    Pero me recuerdo inmediatamente que cuando a uno lo despiertan de un confortable y relajado dormir, la reacción más normal es la de fastidio por el esfuerzo al que uno se ve obligado instantáneamente para retomar la actividad consciente, para activarse y tomar las riendas de su vida. Y no es en nada criticable el esfuerzo por reclamar la vuelta al estado más placentero del que somos removidos.
    Es obvio que las cosas, las reglas de juego están cambiando. No es lo mismo que hace apenas 10 años atrás. Pero ¿porqué no iban a cambiar, si eso es ley de vida?
    Lo que creo que marca una importante diferencia con otras latitudes de globo terráqueo es que las instituciones están relativamente sanas, y que el contrato social continúa vivo.
    Habrá una puja de intereses en esta nueva restitución del equilibrio inestable que es la sociedad toda, muchos perecerán en la transformación del hábitat, y es de suponer que deberán sobrevivir los más aptos (mis respetos señor Charles Robert Darwin).
    Y me pregunto ¿estarán en condiciones las instituciones locales para proteger a los no tan aptos?
    En estas latitudes, me inclino a pensar que si. Tal vez no de la manera que a algunos pensadores les parezca más conveniente, pero cómo conformar a griegos y troyanos al mismo tiempo…
    ¿Podrán salvar a todos los no tan aptos? ¿Deberían salvar a todos los no tan aptos? ¿Seré yo mismo uno de los no tan aptos que debe perecer en las nuevas condiciones que conformarán el hábitat de los próximos 10 años? Pena que no pueda preguntarle a Darwin donde él me pondría…

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