Zona de Insomnio

Crónicas atlánticas

Febrero 9th, 2009

Bitácora de viajero, fecha de ultramar 310109.

La “nave” partió de desde la terminal de Retiro puntualmente a las 7 de la mañana, después de una espera de casi una hora en el caos habitual de la temporada. Temí que no fuese así, porque en el altavoz llegaron a anunciar servicios con una hora de retraso, es decir, a las 6:45 estaban anunciando la salida de servicios correspondientes a las 5:45, por ejemplo.

Mi estado era de una ansiedad moderada, tal vez porque la mayor parte de mi cabeza estaba ocupada en repasar la lista de actividades que me esperaba, y su orden de importancia. Pero no podía dejar de pensar en que era la primera vez que me separaba de Paola desde que nos conocimos; y obviamente, la primera vez que me separaba de los chicos.
Llámeseme sentimental, si se quiere, pero ya los empezaba a extrañar sin haber partido.

Habiéndome levantado más temprano que de costumbre, y siendo el viaje de sólo 5 horas, había planeado dedicarme a dormir hasta llegar a destino. Pero, disfrazado de turista como muchos otros (remerita, bermudas, y zapatillas sin medias), no contaba con que el aire acondicionado del micro estaría funcionando TAN bien. En otras palabras: varios dedicamos parte del viaje a sentirnos en pleno invierno.

Mientras salía de Buenos Aires aproveché para rezar Laudes, y no pude menos que dar gracias frente a lo que iba encontrando en la oración:
“… dejemos la inquietud posar entre sus manos, abramos nuestro espíritu a su infinito amor”. (Himno del sábado III durante el año)
“(tu sabiduría) Mándala de tus santos cielos, y de tu trono de gloria envíala, para que me asista en mis trabajos, y venga yo a saber lo que te es grato”. (Cántico del sábado III)
Nada más adecuado para la misión con la que viajaba.

Nota marginal: He recorrido varias veces la ruta 2 rumbo la costa, y siempre recuerdo el predominante verde de la pampa húmeda escoltando el viaje a un lado y a otro del camino. Pero este año, ni el verde de la llanura se salvó de la sequía. Los márgenes de la ruta, hasta donde alcanzaba la vista, y exceptuando algunas arboledas aisladas, eran extensiones amarillas de vegetación bastante seca.

Y llegamos a Mar de Ajó, pero con una hora más de viaje, pues pasamos dejando gente en San Clemente, Santa Teresita, y San Bernardo. Un auténtico “carro de lechero”, parando en todas las puertas.

La bienvenida del clima no podía ser más desalentadora para quien va a una localidad costera a pasar unos días: viento, mucho viento, y frío. Cielo totalmente gris y nuboso, y un servidor que ya venía mamando frio en el micro, y bajó esperanzado de recibir algo de sol marino. Pues no, nada de nada. Sólo más frio.

Primera tarea: llamar desde un locutorio a casa, y avisar que había llegado bien. Segunda tarea: averiguar por la oficina de turismo, así que le pregunté a la primera habitante local que encontré: la chica que atendía el locutorio. Ella no sabía dónde quedaba; no sabía hasta qué hora atendía; no sabía el teléfono; y sospecho que no sabía que existía. Pero claro, el turista era yo.

Tomé un taxi ahí mismo en la terminal (el precio, en proporción al de Buenos Aires, es caro), y dejé que me llevaran a donde considerase oportuno para buscar alojamiento. Tras dos intentos (uno no tenía vacantes; y otro me dijo “no tengo” cuando le dije que serían sólo una o dos noches), llegué al hotel “Punta del Este”, ubicado correctamente por nombre, en la calle Montevideo.
Me hicieron rebaja y hasta me incluyeron desayuno.

Según mi costumbre en estos casos. Dejé mis cosas y salí a recorrer el centro, que está cerca del hotel. Almorcé en un lugar tan tranquilo como el resto (el mediodía nuboso y ventoso ayudaba a que se viese muy poca gente en las calles); corroboré por boca de algunos comerciantes lo que ya sabía de antes: que la temporada venía bastante mala; y volví por la costanera para ver el mar y la playa.

Mar de Ajó tiene una conformación costera bien demarcada: primero la avenida costanera. Pegada a esta, una cadena de médanos más o menos baja o más o menos alta, según el lugar, con sus correspondientes “bajadas” a la playa; y finalmente, la playa, que con viento sudoeste, y mar encrespado y crecido, casi no existía.

 

 

Las fotos corresponden al 2do. Día, con sol. Sáquese el sol y súbase el mar unos tres metros más, y tendemos lo que yo vi el primer día.

De a ratos, el viento traía ráfagas con más arena que aire, y era casi inevitable terminar masticando arena.

Después de una pequeña siesta empecé con las llamadas a los contactos de Mar de Ajó para visitar propiedades. En realidad, tuve que ir hasta el barrio San Rafael, a ver a la Sra. Fulana, para que me diese el teléfono del Sr. Mengano para que en algún momento me mostrara un dúplex de 3 ambientes en un barrio que, para ser francos, no me gustó demasiado. Lo cierto es que la Sra. Fulana no conocía al Sr. Mengano, así que mal me podía dar su teléfono. Primer contacto: mal.

Como el precio del remisse de ida había sido un poco “excesivo”, decidí hacer las 15 cuadras de regreso caminando, y de paso hacer una visita a la oficina de turismo para recabar algo de información general, y mapas.

Escala previa en locutorio: llamar a los contactos en Sta. Teresita y coordinar entrevistas (en lo posible) para el día siguiente (Domingo, una locura). Llamadas en el medio a Buenos Aires para saludar a la familia, aproveché también para localizar a los contactos en Gesell. Resultado: 30 minutos de teléfono.

Caminando luego hacia la oficina de turismo, trataba de hacer un todo coherente con lo que escuchaba y veía de Mar de Ajó, intentando llegar a una visión general que me diese pistas sobre la conveniencia o no como lugar para vivir.
Mar de Ajó es un lugar “lindo”, y quizá el hecho de tener mayor población estable que otros balnearios más eminentemente turísticos, hace que su infraestructura no esté preparada para deslumbrar al turista, sino apenas para alojarlo adecuadamente. No veo al habitante local, ni muy consciente, ni muy entusiasmado con el tema de ser receptivo frente al turista. Quizá –digo yo- el hecho de ser esta una pésima temporada, estimule la iniciativa local al no ver sus bolsillos tan llenos como otros años.
En otras palabras: no se ve mentalidad de “progreso”, de querer hacer cosas. El visitante les deja unos pesos en temporada, como para ir tirando el resto del año, hasta la próxima temporada.

“En la costa está todo por hacer”, me decía alguien por chat, y es cierto. ¿Pero vale la pena ir a esforzarse por hacerlo, cuando el contexto es pura conformidad? No lo creo. En ese sentido, prefiero la gente con algo más que un mínimo de ambiciones.


 

Bitácora de viajero, fecha de ultramar 010209.

Hoy es Domingo, y supuestamente, un día de descanso. Y si bien mi cabeza no se dio por enterada, mi cuerpo la llamó al orden: en algún momento en torno a las 6:30 apagué el despertador del celular, y seguí durmiendo hasta las 8:30. Estaba fundido de cansancio.

Me levanté atontado de “tanto” dormir, me pegué una ducha rápida, recé Laudes medio a las apuradas, desayuné en el hotel, y partí a llamar a mi familia. De ahí me fui a la parroquia, pero llegué media hora tarde a la Misa, así que decidí dejarla para el próximo horario de las 20 hrs.

Tenía hasta las 12 hrs., hora en que me reuniría con uno de los contactos de Sta. Teresita en el hospital de Mar de Ajó (es médica), así que aproveché para ir preparando las reuniones por teléfono con la gente de Gesell para el Lunes. Fue un gastadero de dinero impresionante.

Números equivocados; adivinar si había que ponerles o no la característica local; desentrañar si los celulares eran de capital o de la costa llamando equivocadamente más de una vez, agregando y sacando números, características telefónicas, etc.; llamar a Buenos Aires para pedirle a Pao apoyo logístico con mails o llamados para confirmar números, en fin, se me hicieron las 12 y salí en taxi al hospital.

Otra vez mal: el contacto no me pudo atender porque estaba atendiendo pacientes, y mi paciencia empezó a fastidiarse… bastante.

Volví en taxi hasta la costanera y seguí a pie hasta el hotel, con ganas de, por lo menos, mojarme los pies. Pero vi que la playa seguía siendo minúscula, si bien hoy había un sol radiante. Había viento, había gente empecinada –a mi fastidiado parecer- en disfrutar de una playa poco disfrutable y casi inexistente.

Llegué al hotel, recé Sexta bastante torpemente, almorcé rápido, y me fui a dormir una siesta, a ver si ahogaba el fastidio con el sueño.

El programa de la tarde era arduo pero sencillo: viaje hasta Sta. Teresita para otra entrevista. Hora de la entrevista: 17 hrs. Hora de salida de Mar de Ajó: 14 hrs. ….. ¿Tres horas de viaje? No, pero era una oportunidad imperdible para conocer otras playas del “Partido de la Costa”.

El Partido de la Costa es una unidad administrativa que abarca un total de 14 localidades/pueblos/”ciudades”/ balnearios casi caseríos:

 

El micro que debía tomar pasaba por casi todas las localidades, hasta Sta. Teresita, así que fue una buena vista general sobre los lugares, una visión nada alentadora.

El partido de la costa es, desde el punto de vista estético (salvando San Bernardo, Lucila del Mar, y algunos lugares de Mar de Ajó) como el conurbano bonaerense, más que nada el lado Sur. La construcción es lo justo y necesario, y no hay una gran inquietud por el detalle, por la estética, o por el cuidado. No es feo, no es lindo.

En lugares como Pinamar, Villa Gesell, Cariló, Valeria del Mar, Ostende, hay una infraestructura para alojar al turista, y hay una preocupación para que el acondicionamiento de todo agrade a la vista, y estimule al visitante. Esto hace que la gente de estos lugares deba agudizar un poco más el ingenio para poner más “valor agregado” a los lugares y a los servicios.

La actitud general en el partido de la costa pareciera ser distinta: el turista viene, se aloja, va a la playa, gasta dinero, nosotros lo recaudamos, y … hasta el próximo verano. Uno podría especular con el hecho de que la mayoría de estas localidades está separada sólo por una calle, y argumentar que esta aglomeración de gente implica un mayor incentivo para la actividad comercial y las iniciativas privadas o estatales. Pero no. Y eso, para nosotros, no es un buen dato.

Llegué a Sta. Teresita con el tiempo justo, y tomé un taxi hasta el lugar de reunión, tan, pero tan al extremo de Sta. Teresita, que estaba separada por cinco metros de la localidad vecina: Mar del Tuyú. O sea, me podría haber bajado en Mar del Tuyú y no haber pagado la fortuna que pagué en taxi por cruzar de lado a lado Sta. Teresita.

El lugar quedaba en la costanera, así que entré en un restaurante … no, perdón, un lugar donde te servían cosas de comer, construido sobre la playa, con cuatro maderas y dos chapas, a esperar a mi contacto inmobiliario. A las 17 no llegó, a las 17:05 lo llamé al celular, y me pidió que lo esperara unos minutos. Así que, café con vista al mar, en un día precioso, y yo envidiando hasta a último turista por poder mojar sólo sus pies en las olas.

A las 18, cansado de la espera, de la envidia, y de la música del lugar, lo llamé nuevamente, y nada, no contestó, ni el primer, ni el segundo llamado. Así que decidí que era el momento de mandar todo a la m…. y regresar al hotel.

Ya en el viaje de vuelta, en la ruta, recibí el llamado de este buen hombre, preocupado porque no me encontraba; después asombrado porque “no lo esperé”; y después un poco molesto cuando se dio cuenta que yo estaba totalmente molesto.

Llegué a Mar de Ajó media hora antes de Misa, dejé las cosas en el hotel, y marché a la parroquia.

De la Misa, francamente, me gustaría comentar, pero como el momento estuvo adornado por un pintoresquismo que hace tiempo no veía, merecería otro post entero.

El resto, fue cenar, ir a locutorio a conectarme con mi familia, y volver a dormir.

 

Bitácora de viajero, fecha de ultramar 020209

El plan para este día era relativamente sencillo, aunque intenso: Viajar a Pinamar, dejar ahí las cosas, en la casa de Walter y Caro, amigos que gentilmente me alojaron; y viajar a Villa Gesell a entrevistarme con un par de personas para ver propiedades.

Así que, salí a las 8:40 rumbo a Pinamar. Una hora después llegué a destino y tomé un taxi hasta la casa de Walter y Caro. Mientras iba en el taxi miraba Pinamar y no podía dejar de comparar: evidentemente, una de las localidades más bellas de la costa. Los bosques, la urbanización, lo cuidado de las calles, en fin; muy por encima de lo que había visto hasta hora.

Quienes conocemos Pinamar fuera de temporada sabemos que todo ese “esplendor” es sólo durante el verano, pues el resto del año no hay casi actividad, salvo la que requiere la poca población del lugar. Además, es lo que llamamos un lugar “careta”, al que acude gente con un supuesto alto poder adquisitivo; y eso, en verano, se nota…. o se notaba.

El taxi me dejó en la puerta de la casa de mis amigos. Me encontré con Caro recién levantada (bueno, directamente la desperté con mi llegada, pero todo fue muy breve: mientras dejaba el bolso más pesado en el piso, le preguntaba a mi amiga a qué hora salía el micro a Gesell (a 20 km de distancia), y de dónde.

- Pasan acá en frente, en la esquina, cada una hora, a todas las “menos veinte”

Yo miré mi reloj, y…….. Faltaba un minuto. Saludé a Caro, bajé las escaleras corriendo, crucé la calle, y a 100 metros apareció el micro. Más ajustado imposible.

El recorrido fue entretenido, porque el micro no iba por la ruta, sino que pasaba “por dentro” de las localidades vecinas: Ostende, Valeria del Mar, Cariló, que aunque con un trazado urbano diferente, son todas muy agradables a la vista.

Gesell es también un balneario agradable, aunque su fama ha devenido en la de “balneario para jóvenes”, y supongo que durante años ha sido fama justa aunque engorrosa para los habitantes, que este verano, en un 95% de los avisos de alquiler por internet, especificaban que “no se alquila a grupos de jóvenes”.


 

Mi contacto en Gesell fue poco claro en dar las referencias de su dirección, así que estuve caminando un buen rato bajo el sol del mediodía, mochila en la espalda, con notebook incluida, hasta que llegué a la casa.

Y claro, estamos hablando de un contacto inmobiliario, o por lo menos de alguien que ofrece oportunidades inmobiliarias; y uno está acostumbrado a que esta gente tiene cierta compostura, cierto gusto por la puntualidad, y un determinado grado de formalidad.

Lo cierto es que llegué a una casa bastante humilde, y descuidada. Que lo de humilde no es nada, porque conozco gente humilde que vive en una dignidad encomiable, así como gente de dinero que vive en casas grandes como mansiones, y sucias como chiqueros.

Pero acá había descuido, dejadez, y eso, en medio de los negocios, y por lo menos a mí, no me gusta.
A la Sra. en cuestión nunca la conocí, porque intermedió siempre otra que me comentó de su ataque de asma y de su imposibilidad para atenderme. La anteúltima vez, la mensajera me dijo “espere”, y me dejó esperando 15 minutos al sol hasta que reapareció para avisarme que “la hermana de la señora” iba a venir a mostrarme las propiedades. Otros 40 minutos de espera…

“La hermana” llegó, y ahí empezó el baile:

-Quería empezar por ver la propiedad que publicó en internet, la de la calle …..

-Ah… ¿esa? Ah, pero esa no se alquila todo el año, es solamente por temporada.

-Pero en el aviso que publicaron por internet decía que era por todo el año.

-No, debe ser un error …

-

-¿Y tiene alguna otra para mostrarme?

-A ver, déjeme pensar… Sí, tengo tres, pero una sola podemos ver por dentro porque las otras están ocupadas.

-¿Pero y cómo hago para saber si me convienen si sólo las puedo ver por fuera?

-Le puedo mostrar una sola por dentro, porque las otras están ocupadas…

-

- Bueno, está bien. Vamos entonces.

A esta altura ya me estaba empezando a encabronar bastante, pero cuando empecé a ver que me pensaba llevar CAMINANDO a ver algunas, y en colectivo local otras, terminé de sentir que me estaba tomando el pelo.

-Mire, la verdad es que tengo poco tiempo, así que, si le parece, llamamos un remise y hacemos el recorrido.

-Ahhh, bueeeno, sí, no hay problema. Lo que pasa es que yo no traje dinero como para un recorrido en remise.

- ……………………………… No se haga problema, yo lo pago.

En el viaje hasta ver la primera propiedad la susodicha dama entabló esos típicos diálogos de manual para sacarle información al prójimo sobre sus posibilidades económicas, así que, no teniendo nada que ocultar, le seguí el juego.
El detalle final fue escucharla a ella llamando a “Pablito” para que pusiese en condiciones el dúplex, porque había gente que lo iba a ver; o sea, la única que supuestamente podría ver por dentro.

Pasamos primero por dos chalets bastante pasables, por lo menos por fuera, hasta que finalmente llegamos a lo de “Pablito”.
La estructura del dúplex era satisfactoria, y si le sacábamos unos kilos de suciedad en las paredes, la humedad en una de las habitaciones, el caos de cosas de quienes lo habitaban, y la colección de telarañas de la entrada, teníamos una propiedad bastante bonita.
Le señalé todo esto a la buena señora, pero ella retrucó con un argumento que, en el tono de voz en que lo dijo, parecía obvio:

-Tome en cuenta que lo está viendo habitado por inquilinos.

-Sí, claro, pero me parece que las telarañas de la entrada y la humedad de la habitación no la trajeron los inquilinos.

-No se preocupe, que a Ud. Se lo vamos a entregar en condiciones.

-Usted disculpe, pero si a los inquilinos anteriores se lo entregaron así, no veo por qué con nosotros van a hacer una excepción.

-

Nos despedimos intercambiando datos de contactos “por si surge algo”, aunque yo ya deduje que no volvería a tener noticias de la señora.

La próxima parte de mi estadía consistía en mirar, por lo menos por fuera, algunas propiedades que habíamos visto por Internet y que nos habían parecido las posibilidades más serias. El problema había sido el desencuentro con los propietarios, que son de Buenos Aires, y que el momento de llegar yo a Gesell, habían vuelto a su casa.

Así que, previo almuerzo rápido, deposité lo que quedaba de mi apaleada humanidad en un remise para hacer un recorrido por el frente de las propiedades en cuestión, la mitad de ellas bastante pasables, hasta que al final le pedí al chofer que me dejara: “En un lugar tranquilo y fresco desde donde pueda ver el mar y tomarme una buena cerveza”.

Lo más importante de estas idas y venidas ha sido la charla con la gente local: comerciantes, taxistas, remiseros, ocasionales vecinos de mesa, mozos, etc. Todos coincidieron en un dato: pésima temporada. Y haciendo un promedio de las estadísticas referidas y otras leídas en diarios locales, tanto de Gesell como de otras localidades, el panorama no parece muy alentador: 40% menos de turistas, y alrededor de un 50% menos de alquileres. Ostende, Valeria del Mar, no tanto Cariló, pero muchos carteles de alquiler en casas y departamentos, o sea, mucha gente sin alquilar.

Lo mismo en Pinamar que en todas partes: locales comerciales vacíos, sin alquilar. Mala señal, quiere decir que esta temporada no dejará mucho dinero en la costa; y para quienes prestamos un servicio tan especializado como el diseño, eso no es buena señal.

Obviamente estaríamos dispuestos a diversificarnos a otras actividades, tales como la docencia, u otras (en realidad, cuando uno tiene hijos, trabajaría de lo que hiciese falta), pero de todos modos, la calidad de esta diversificación, o los frutos del esfuerzo, estará condicionado por la pujanza o no de la zona. Y la zona no viene muy bien para el 2009.

De vuelta en Pinamar estaba todo decidido: era inútil quedarme en la costa más tiempo. Lo que debía ver, ya lo había visto; lo que debía saber, ya lo sabía, suficiente como para evaluar que este, no es un buen año para irse a vivir a la costa.

¿Los planes se posponen entonces? NO.

La decisión está tomada: no queremos seguir viviendo en Buenos Aires, no es bueno, ni para nosotros, ni para los chicos.

¿Dónde entonces? Aún no sabemos. Hay un par de lugares en vista.

Ya veremos …

9 Responses to “Crónicas atlánticas”

  1. Josefina

    Ya nos irás teniendo al tanto, como ahora.
    Ojalá encuentren algo bueno.
    ¡Saludos!

  2. Milkus Maximus

    Ojalá hermana, ojalá. Depende de tantas cosas…!!!
    Y además, depende de nuestra capacidad de equilibrio para aceptar desafíos, sin caer en la temeridad.
    Si fuésemos Pao y yo solos …… pero con dos chicos no es lo mismo.
    Me confío a tus oraciones.

  3. XavMP

    A no cejar, este es un mal año para todo.

    Cuando contaste que el objetivo era la costa yo me planteaba lo de vivir 3 meses al año y lo comparaba con Sunchales donde la actividad es todo el año. Difícil.

    Esperamos otras crónicas de ultramar.

  4. Josefina

    Yo no soy quien para opinar. Pero hay lugares muy lindos en el país donde la vida es tan distinta.
    El mes pasado -no conocía- estuve con mi hermana un rato en Ayacucho (Pcia.Bs.As.) y pensé cuánto más humanamente viven allí que en Bs.As.: ciudad chica, cerca de la Capital… con vida propia y parecía bien acogedora. Sólo un ejemplo.
    Por supuesto que contá con mi apoyo de oraciones y también mi interés.
    ¡Hasta la próxima!

  5. Don Diego

    Una pena que no hayas podido encontrar un lugar para ubicarte en la costa, sobre todo teniendo en cuenta que tenés decidido irte de Buenos Aires y que tan ilusionado estabas con la vida cerca del mar. Espero que encuentres el lugar en el que te puedas acomodar con tu familia. Nuestro país es enorme, lleno de lugares en los que uno puede radicarse con hijos chicos. Ya sabés que, si te dan ganas de venirte para el norte, en Salta siempre vas a tener un lugar (claro que acá no hay vista al mar, pero los cerros también son lindos).
    Un abrazo.

  6. Esteban

    Buen análisis sociológico. Lástima que te debés haber gastado unos cuantos mangos. Más el cansancio de semejante amanzadora. Pero al menos te sacaste la duda.

    Es muy cierto lo que dicen Javier y la Hermana. Es más, te diría que lo que sobran en Bs. As., Sur de Santa Fe, E. Ríos y Córdoba son pueblitos acogedores. Si bien lamentablemente la mediocridad, medianía y pasividad que percibiste en la Costa y Madariaga es demasiado frecuente en todo el Interior, creo que también puede ser una ventaja para alguien con un poquito de inquietudes y ganas de progresar. Lo importante es lograr averiguar si hay “mercado” real y sostenible en el tiempo para lo de ustedes.

    ¡Mucha suerte (Deo volente)! (Y quien dice si en unos años no te sigo.)

  7. Nacho

    Interesante… si puedo ser curioso, y la respuesta no es muy personal (digamos como: “porque quiero escaparme de mi suegra”), hago una pregunta: ¿por qué el convencimiento sobre la necesidad de huir de la metrópoli (o los suburbios de ella, no sé) a algún lugar lejano en la costa (inamovible aparentemente por más malas condiciones que allí encuentres)?

    Saludos.

    PD: me encantó la última respuesta a la muchacha en la casa de “Pablito”.

  8. Milkus Maximus

    Xav: Sí, viene bravo en todas partes, y donde no, hay incertidumbre. Cejar, no cejaremos. La decisión de irnos de Buenos Aires está tomada. El “dónde”, pues, estamos abiertos, aunque tengamos nuestras preferencias.

    Josefina: Como le dije a Xav, estamos abiertos a lo que se nos vaya presentando. Gracias por el dato: investigaremos.

    Don Diego: Un gusto que pase por acá, y gracias por la invitación. Aunque (permítame algo de humor negro) con la cantidad de agua que les está cayendo en Salta, no creo que yo llegue a extrañar el mar :P

    Esteban: gracias por darse una vuelta. Sí, sabemos que hay lugares, pero preferimos ir despejando dudas, comenzando con nuestras preferencias y prioridades, y respecto a eso, la Pcia de Buenos Aires tiene prioridad, más que nada por el movimiento comercial que hay en ella.
    Sí, es cierto que en muchos lugares, con un poco de iniciativa, que a veces los locales no ponen, se pueden lograr cosas interesantes; pero nuestra actividad tiene sus cosas jorobadas, por eso estamos abiertos a diversificarnos en otras.
    En cuanto a seguirnos …… le prometo que una vez instalados, hablamos en serio del tema.

    Nacho: tanto tiempo sin verlo por estos lares. Lo cómico de su comentario es que en nuestros planes, la escapada de Buenos Aires no es DE mi suegra, sino CON mi suegra. O sea: está invitada a venirse con nosotros, y la relación es excelente.

    “¿por qué el convencimiento sobre la necesidad de huir de la metrópoli (o los suburbios de ella, no sé) a algún lugar lejano en la costa (inamovible aparentemente por más malas condiciones que allí encuentres)?”
    En principio porque la realidad así te lo canta en la cara. Buenos Aires ya no es un lugar muy sano para vivir, y menos aún rentable: trabajás 100, ganás 10, y vivir te cuesta 20. Y no me refiero sólo a lo económico, sino al ambiente, la tensión, la higiene, en fin, un montón de cosas. Y cuando tenés chicos, el planteo se agudiza, pensás en un lugar donde se puedan criar sanamente, y en nuestro caso, no tenemos una casa en un country como para poder criarlos en una burbuja, así que, esta ciudad empieza a dejar de ser viable.

    Yo soy una rata de ciudad Nacho, quienes me conocen saben que es así, y que quiero mucho esta ciudad, pero cuando está en juego la felicidad y la calidad de vida de los míos, puedo mandar al cuerno Buenos Aires o el lugar que sea.

    Respecto a la opción por un lugar: la costa es una opción preferencial, no inamovible. Y si las condiciones en la costa no se dan, iremos a Ushuahia, si es necesario.

  9. Juan

    Ni creas que pude terminar de leer la crónica, es larguísima; por ahora voy por Mar de Ajó, pero ya quería decir que qué bueno que quieran y puedan hacer el cambio. Nosotros aún estamos dentro de los soñadores.

    La costa. Interesante. ¿Pensaron en el sur? Creo recordar que algo dijeron, o me lo soñé.

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