Comenzando la Cuaresma, hay hermanos bloggers que se plantean seriamente no escribir, como gesto de “retiro” cuaresmal para la preparación del Misterio Pascual; y otros como gesto penitencial, habida cuenta que uno los lee y se nota que escriben con facilidad y ganas.
No es mi caso: Parir dos líneas me cuesta, hoy por hoy, más que llegar a pié a Luján, así que mi gesto cuaresmal será, este año, escribir por lo menos, una vez a la semana. Que Dios socorra a este escriba; que Dios proteja a quien lo lea.
Cuaresma es -para quien no lo sepa- un tiempo que los cristianos consideramos sagrado y de preparación para, 40 días después, celebrar un tiempo más sagrado aún, en el que se revive la Pasión, Muerte, y resurrección de Nuestro Señor: Jesucristo.
Es un tiempo rico en analogías metafóricas de la Biblia: 40 días; 40 años de Israel en el desierto en camino a la tierra prometida; desierto, soledad, búsqueda. Retiro de Jesús al desierto a orar; retiro del cristiano a algún desierto interior (si se puede exterior mejor, que no somos ángeles y lo exterior es gran ayuda); oración; ayuno; penitencia como prescindencia voluntaria de lo superfluo; valoración de lo verdaderamente importante; “alivianamiento” de lo material para “elevarse” a lo espiritual. En fin: retirarse para prepararse. Y en ese “retiro”, caminar el desierto para encontrar camino allí donde no parece haberlo, pues ahí donde no hay, donde está despejado y limpio, es donde Dios construye y se hace cimiento de nuestras vidas.
Y en ese caminar, y en ese “salir hacia …” hay implicado también un “salir de ….”, en donde ese “de” es nosotros mismos. Salir de nosotros mismos, abandonar nuestro complejo de ombligo y encaminarnos, a través de un desierto, desierto de cosas nuestras, hacia el Otro, así con mayúsculas, que se encuentra también y siempre en el otro. Por eso, el otro acento fuerte de la cuaresma es el refuerzo de la caridad como gesto penitencial; que no pasa precisa ni únicamente por el despojo de lo superfluo y sobrante, sino por compartir lo importante, lo necesario, lo sagrado.
Traducido: no pasa únicamente por dejar la camisa que me sobra en Cáritas (lo cual está muy bien, porsupuesto); sino que también pasa por compartir aquello que necesito y que no me sobra, con el que tiene menos que yo.
Y si nos ponemos a hilar más fino, compartir nuestro tiempo, nuestra afectividad. Traducido: el otro no necesita sólo lo material y necesario. Muchas veces necesita, además, que lo escuches, que te acerques, que lo acompañes y que te abras vos también para compartir tus cosas.
Ahí sí, entonces, tenemos desierto de nosotros mismos, para encontrarnos con Dios.


Marzo 2nd, 2009 - 9:47
Repicando sobre su comentario medieval a mi post le cuento que en esa època se planteó una interesante trifulca (de la que pensaba escribir en algún tiempo) sobre si el desprendimiento de lo superfluo es un acto de caridad o de justicia.
Traducido a su post: si la caridad cotidiana no es mera justicia mientras que la “caridad recargada cuaresmal” no es, en rigor, la única caridad.
Respetos.
Natalio