Si hay un motivo fecuente y mayoritario por el cual la ascésis tiene mala fama en el mundo moderno, es por esa suma mediocre de malentendido con profunda ignorancia.
Uno menciona el tema, y ya lo miran a uno como si estuviesen viendo a un vulgar, simple, y llano sadomasoquista solapado, que busca a propósito el dolor y la dificultad. Claro que, puestos a preguntar, a veces se encuentra uno con gente capaz de hacer sacrificios por cosas totalmente triviales, o caer en la peor de las acedias ante cosas realmente importantes.
Ascésis (ἀσκητικός, ἀσκητή = asketikós, asketes), es “ejercicio”, y el cristiano toma (o debería tomar) el tiempo de Cuaresma, como una especie de “ejercicios espirituales” comunitarios, como preparación para nuestra Pascua.
Estos “ejercicios” deben estar -como todo ejercicio- condicionados a su fin. Por ejemplo: en las artes marciales, si querés tener patadas rápidas y altas, hay que elongar mucho las piernas para alcanzar altura; fortalecerlas para que el golpe sea efectivo y el movimiento rápido; y mejorar notoriamente el equilibrio, para que la patada no termine con su autor en el piso. Si la finalidad del ejercicio fuese lograr un golpe eficaz o desarrollar el sentido de anticipación, los ejercicios serían distintos.
Hay una parte positiva: lo que se debe hacer para conseguir tal fin; y hay una parte negativa: lo que NO se debe hacer para conseguir tal fin. Siguiendo el ejemplo: si quiero que mi estado físico sea óptimo para un combate efectivo, no puedo vivir comiendo cualquier cosa todos los días. Deberé NO comer tantas grasas, NO insumir tanto alcohol, NO vivir de fiesta en fiesta, etc, etc.
Como la Cuaresma apunta a revivir la Pasión, Muerte, y Resurrección de Jesús, nuestros ejercicios, nuestra ascésis, debe enfocarse a ese fin específico que es distinto (aunque no tanto), por ejemplo, al del tiempo de Adviento previo a la Natividad.
Hasta donde entiendo, a veces se hace demasiado hincapié en el aspecto “crucificial” de la Pascua, y así entonces se enfoca la Cuaresma. Cruz, muerte, renuncia, sacrificio; son aspectos válidos de la ascésis, pero no los únicos, o por lo menos no en los términos en que a veces se reduce todo, a una simple “renuncia”, que también esta implicada, pero no es el único aspecto.
Repasemos algunos propósitos cuaresmales escuchados y/o leídos por ahí:
- No tomar bebidas alcohólicas.
- No comer carne.
- Ayunar todos los viernes.
- No decir malas palabras.
- Acompañar más a mi madre durante la semana.
- No usar tanto el celular.
La lista es interminable, pero elegí estos al azar porque de alguna manera ejemplifican el punto al que quiero llegar.
Si nos ponemos a escarbar un poco en estos buenos propósitos, descubriremos que apuntan más a la corrección de una falla que a una ascésis preparatoria para una experiencia religiosa.
No tomar alcohol sólo puede dejar en evidencia que en mi vida normal podría tomar menos de lo que tomo; no comer carne puede mostrarme que necesito o que soy capaz de una alimentación distinta, y quizá, más sana; no decir malas palabras es la contraposición de algo que se puede haber vuelto un pequeño acto reflejo, un vicio lingüístico, que puedo o debo mejorar más allá de la Cuaresma o no Cuaresma.
Como ya veo desbandarse el discurso para el otro extremo, aclaro: no es que estas cosas NO deban hacerse, o NO valen como ascésis. Están bien, sobre todo porque existe la posibilidad que me ayuden a corregir malos hábitos y a ejercitar virtudes, pero no creo que basten.
Lo que vive y nos enseña Jesús con su Pasión y Muerte como preparación a la Resurrección, es la opción por la plena aceptación de la voluntad del Padre aunque esa voluntad le repugnara (en el sentido lato del término); es la con-formación de la voluntad propia a la voluntad de Dios; es el vacío de sí mismo para ser llenados por Dios. Si nuestra ascésis debe estar correctamente condicionada a este fin, debe ser una ascésis, principalmente, de la voluntad.
San Juan de la Cruz, dice algo interesante al respecto:
“… no tratamos aquí del carecer de las cosas, porque eso no desnuda al alma si tiene apetito de ellas, sino de la desnudez del gusto y apetito de ellas, que es lo que deja al alma libre y vacía de ellas, aunque las tenga. Porque no ocupan al alma las cosas de este mundo ni la dañan, pues no entra en ellas, sino la voluntad y apetito de ellas que moran en ella”.
Subida al Monte Carmelo, Libro 1, cap.3, 4.
O sea que no es necesariamente la renuncia a lo material (aunque lo incluye casi necesariamente) lo que nos ejercita en aplicar nuestra voluntad a la de Dios, sino la renuncia a la voluntad que tenemos de esas cosas (Lc. 14,33). De nada sirve si renuncio a comer carne, si mi voluntad sigue deseándola. No hay verdadera renuncia, no hay verdadera ascésis.
Es más ejercicio cuaresmal no usar tanto el celular, o estar con aquella persona que no soporto tratando de construir una relación humana y cordial? Es más ejercicio cuaresmal no decir malas palabras o poner freno a una lengua a menudo irónica, hiriente y sarcástica? Es más ejercicio cuaresmal realizar todas esas obras de caridad que en el fondo alimentan mi ego, u orar para poner en práctica real mi confianza en el obrar de Dios?. De nuevo un aporte del santo en sus “Dichos de luz y amor”:
12. Más quiere Dios en ti el menor grado de pureza de conciencia que cuantas obras puedes hacer.
13. Más quiere Dios en ti el menor grado de obediencia y sujeción que todos esos servicios
que le piensas hacer.
14. Más estima Dios en ti el inclinarte a la sequedad y al padecer por su amor que todas las
consolaciones y visiones espirituales y meditaciones que puedas tener.
15. Niega tus deseos y hallarás lo que desea tu corazón. ¿Qué sabes tú si tu apetito es
según Dios?17. Pues se te ha de seguir doblada amargura de cumplir tu voluntad, no la quieras cumplir,
aunque quedes en amargura.
Otra vez la objeción: no hay que hacer esto o aquello? Sí, hay que hacerlo todo, pero hay que tener discernimiento y astucia frente a uno mismo, habida cuenta de la interminable cantidad de recursos que tiene nuestro ego para salir beneficiado con nuestras cosas. Se trata, de nuevo, de renunciar a lo que yo quiero, para quedar “vacío” de querer, y así Dios puedo conformar nuestra voluntad a la suya.
Porque después de todo se trata de eso: que al decir de Chesterton hay dos tipos de personas: las que le dirán a Dios “hágase tu voluntad”, y a las que Dios, al final de todo les dirá “hágase tu voluntad”.



